• Susan Pick

Adiós competencia. ¡Hola cooperación!


Adiós competencia. ¡Hola cooperación!

Todos estamos acostumbrados a querer ganar. Competimos todo el tiempo. ¿Quién es más rápido? ¿Quién es más fuerte? ¿Quién es la más bonita? ¿Quién gana más? A nuestros hijos les enseñamos lo mismo: fomentamos la competencia desmedida sin darnos cuenta de que podemos PINTAR FUERA DE LA RAYA para ayudarles a ser mejores personas enseñándoles el valor de la cooperación.


Quizás le regalas a tu hijo una playera que dice “Campeoncito del mundo” o a tu hija una que dice “A que corro más rápido que tú”. Padres y madres tenemos aspiraciones para nuestros hijos; queremos lo mejor para ellos y queremos que sean exitosos. Pero tenemos que saber cómo comunicar estas aspiraciones. 


Una de las maneras en las que algunos padres y madres creen que van a darle lo mejor a sus hijos es a través de apoyarlos (y muchas veces presionarlos) a lograr; a triunfar, a competir, a ganar.  Muchos creen que esto se logra a través de promover en ellos la competencia. Puede ser competencia con sus hermanos o familiares, a través de ponerles etiquetas, o crear expectativas en ellos de que todo lo pueden, de que deben ganar, o que deben ser los primeros.


¿Qué es eso de ponerles etiquetas? Una de las formas en las que más daño les hacemos a nuestros hijos es diciendo cosas acerca de la persona (es decir, emitiendo juicios sobre la persona misma) tales como “tú eres el campeón”, “tú eres el mejor”, “uy mijito, realmente tú para las matemáticas no funcionas”, “tú eres el chaparrito”.


Referirnos a la persona es altamente destructivo. Es probable que lo presione a lograr y a competir, pero le causará una enorme inseguridad, especialmente cuando él o ella inevitablemente falle de algún modo y sienta que no cumple con las expectativas de esa imposible e inalcanzable etiqueta.


En lugar de usar etiquetas que tan frecuentemente se hace, podemos pintar fuera de la raya y favorecer su desarrollo hablando de las conductas, y recuerda: NUNCA de la persona. Por ejemplo, decir: “con gusto te apoyo con tu tarea”, “qué bien te salió ese dibujo”, “si quieres, juntos hacemos números”, “felicidades, que rápido corriste”.

     

Al referirse a la conducta hay espacio para moverse, para cambiar, para mejorar, para decidir y también para cometer errores. En cambio, cuando se juzga o se refiere a la persona le estás poniendo una etiqueta que es muy difícil remover. Es como encasillar o enjaular con una etiqueta o expectativa a una persona.     


Al referirse a la conducta hay espacio para moverse, para cambiar, para mejorar, para decidir y también para cometer errores. En cambio, cuando se juzga o se refiere a la persona le estás poniendo una etiqueta que es muy difícil remover.

Por otro lado, la competencia jamás debe enseñarse a través de comparaciones; nunca en relación a otras personas, únicamente con respecto a cómo superarse uno mismo. “¡Qué bien hiciste las letras!”; “¿Qué te parece si mañana escribimos otras más?”.


También podemos fomentar la cooperación entre los integrantes de nuestra familia. Algunas ideas para hacerlo: entre todos limpiar, que diferentes personas tengan responsabilidades en casa, construir algo entre varios (por un castillo de cajas y tubos reciclados), o que hijos grandes le lean a los pequeños. En vez de decir “A ver quién guarda los Legos más rápido, ¿Fulano o Fulanito?” podemos decir “¡A ver qué bien trabajan Fulano y Fulanito juntos para guardar los Legos!” Promover la cooperación en lugar de la competencia siempre es mejor. La cooperación es clave para formar equipos, para colaborar, para saber que contamos unos con otros, para que personas con una meta común se ayuden.



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