• Susan Pick

El perdón: más que palabras, una actitud


El arte de saber pedir perdón

Cuando más que palabras el perdón se vive como una actitud, inicia una cadena de reparaciones capaz de transformarnos. Nos ayuda a dejar ir el orgullo y la dureza en el corazón para que podamos vivir en paz. ¿Te animas a PINTAR FUERA DE LA RAYA para vivir el perdón de otra manera?


A muchos de nosotros nos han enseñado que cuando nos equivocamos digamos: “Perdón” y con eso ya lo solucionamos todo (¡pues no!); a muchos otros nos han educado en mantenernos firmes en un orgullo que lleva a no reconocer errores y mucho menos reflexionar sobre nuevas maneras de actuar. Somos muchos menos los que hemos aprendido que pedir perdón es un regalo tanto para nosotros como para la otra persona y que pedir perdón no es una frase; es una actitud.

Esa actitud es el principio de una cadena de reparaciones con nosotros mismos y con los demás; implica soltar de todo corazón la dureza y el orgullo; implica poder dar y recibir amor. No lo hacemos porque nos sentimos culpables o apenados; lo hacemos porque sabemos que es lo mejor. Al hacerlo abrimos la puerta a una nueva relación: estamos abriendo la puerta a muchas cosas lindas, a una energía positiva. Al igual que todo lo que tiene que ver con PINTAR FUERA DE LA RAYA, pedir perdón empieza desde dentro de la persona… no es para quedar bien con el otro… es para estar en paz con nosotros.


Somos muchos menos los que hemos aprendido que pedir perdón es un regalo tanto para nosotros como para la otra persona y que pedir perdón no es una frase; es una actitud.

Podemos arrancar este proceso haciendo una lista de personas a las que queremos acercarnos a partir de nuestro corazón y mostrarles el principio de una nueva relación. La relación tal vez está manchada por algún malentendido o por expectativas no cumplidas o por inseguridades de una o ambas partes. Aunque la otra persona no quiera ser parte de este nuevo principio… de esta nueva actitud, a nosotros nos abre puertas personales para mayor tranquilidad.


Al hacer esa lista y al acercarnos a las personas, es clave que tengamos muy claro qué es lo que sucedió, qué queremos cambiar y qué estamos dispuestos a hacer para lograrlo. Es clave entender qué conductas tendremos que cambiar y la importancia de hacerlo durante un período muy largo… no es un rollo de “perdón” y punto.


Por último, tendremos que comprender qué es lo que es determinante para lograr esas nuevas actitudes y conductas y aceptar que tal vez la otra persona no esté lista o no esté interesada; entender también cuándo es el mejor momento para hacerlo, qué decir y cómo decirlo. Esto no es algo que como magia vaya a suceder… hay que pensarlo, sentirlo y transmitirlo muy a fondo y desde nuestro propio fondo… y todo esto con la mayor honestidad y transparencia.




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