• Susan Pick

Hablando de pintar fuera de la raya… ¡el punto rojo!



En ese rollo de Pinta fuera de la raya, que se me ocurre ponerme a estudiar arte en Nueva York y eso a los sesenta y tantos años de edad… ¡plena flor de la juventud! Así me siento. Para nada me ha caído el veinte de que ya no soy la más chava de la bola. ¡Qué bueno!

El caso es que iba entrando al salón de clases de arte, cuando de repente un trío de señoras como de mi calibre de edad (pero no de actitud), exclamaron “tienes el punto rojo”. ¿Queeeeee? Lo dijeron muy quedito y muy rápido. No entendí. Me toqué la cara tratando de descubrir adonde tenía el punto rojo. ¿Será sarampión? Igual y sí… ¡con eso que me siento tan chava! Por suerte enseguida entró la maestra quien exclamó llena de emoción y en voz fuerte: “¡Felicidades, ganaste el punto rojo!” Ahora entendía que el punto rojo era algo positivo.

Resulta que mi punto rojo había exaltado muchas emociones en muchas personas… negativas todas ellas.

Me invitó a pasar a la galería de la escuela, fui con ella y me emocioné al ver que uno de mis cuadros había sido acreedor del premio más alto de la clase… el punto rojo… y eso tras solo tres semanas de estar en la escuela.

Estaba contenta. No puedo decir que estaba loca de la emoción, pues estaría exagerando.

Resulta que mi punto rojo había exaltado muchas emociones en muchas personas… negativas todas ellas. Oí comentarios tipo: “Yo llevó más de 15 años estudiando esperando ganar un punto rojo”, “Que onda con que una principiante y además mexicana (¡esto del gobierno de Trump no ha sido lo mejor para los mexicanos!)". Pues el caso es que dos años más tarde esas tres mujeres aun no me dirigían la palabra.

¡Aprendí una vez más la importancia de pintar fuera de la Raya!… Me atreví a cursar una nueva carrera a los 63 años, a concursar, a ganar y a resbalar los negativos comentarios.


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