• Susan Pick

La delicia (¡y necesidad!) de dejarse apapachar


La delicia (¡y necesidad!) de dejarse apapachar


Muchas de nosotras estamos acostumbradas a dar. Nos entregamos todo el tiempo a los demás y cuando recibimos algo (un cumplido, un regalo, un abrazo) damos explicaciones en lugar de aceptar. ¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué no nos soltamos y simplemente nos dejamos apapachar? Esa es una manera de PINTAR FUERA DE LA RAYA. ¿Te animas a intentarlo?


Desde hace años una amiga mía me ha dicho en repetidas ocasiones algo así como: “pero qué bárbara, cuánto trabajo te cuesta aceptar cuando alguien te dice algo lindo”. No le agarraba yo a lo que me quería decir. Si alguien me decía: “qué bien te ves”, luego, luego le respondía con alguna explicación de qué me había hecho para verme así y por qué no me había quedado tan bien.


Me costaba mucho trabajo recibir.


Si me daban un regalo muy lindo, enseguida respondía algo así como: “Pero, no te hubieras molestado”. Toda la vida a dar he estado acostumbrada. Dar es maravilloso. ¡Se siente tan especial hacerlo! Además siento que cuando uno da, recibe muchísimo… de hecho recibe mucho más que cuando uno procura recibir y dirige sus esfuerzos a ello.


Suelta, déjate. Respira profundo, inhala lo lindo, lo sincero, lo bonito, déjate querer, déjate apapachar. No des explicaciones, no trates de safarte, disfrútalo, siéntelo, inhálalo, hazlo tuyo.

Habiendo dicho eso, se pueden hacer ambas cosas. Es delicioso recibir… palabras lindas, apapachos, apoyos, regalos, muestras de afecto y de amistad. En efecto, implica un proceso aprender a hacerlo cuando uno no está acostumbrado, pero vale la pena… se siente muy rico… ¡definitivamente es algo muy especial!


Puedes hacer un ejercicio para probar. Por ejemplo dejar que alguien te diga algo lindo o que alguien haga algo lindo por ti. Suelta, déjate. Respira profundo, inhala lo lindo, lo sincero, lo bonito, déjate querer, déjate apapachar. No des explicaciones, no trates de safarte, disfrútalo, siéntelo, inhálalo, hazlo tuyo.


Controla las ganas de dar explicaciones, de decir “no hace falta”, “no me lo creo”, “pero por qué”, “¿como para qué?”, que no te de pena, no te apaniques y no trates de dar luego, luego algo de regreso.


Trata de sencillamente decir “gracias” y disfrutarlo. Simplemente gózalo y reflexiona sobre lo que sientes. Date la oportunidad de sentirte a gusto con esa nueva sensación, date la oportunidad de aceptar que sí se vale, que sí te lo mereces.


¿Es nuevo esto para ti? Ojala te animes a probar. Recuerda que es a través del cambio, que crecemos, recuerda que sentirse querido y apreciado, sentirse apapachado, es delicioso.



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