• Susan Pick

La esperanza es un músculo, ¡ejercítalo!



Para muchos de nosotros la esperanza es un sentimiento etéreo, un hermoso deseo cargado de energía positiva; y es puramente o básicamente espiritual. Es una necesidad de conectarnos con algo que muchas veces sentimos está más allá de nosotros, como si fuera una fuerza externa. Nos da consuelo, nos da paz.

Otra perspectiva de lo que es la esperanza (que recientemente aprendí a través de mi maestra Lorena Beltrán de Iyengar Yoga) es una mucho más activa: la esperanza como un músculo. Puede complementar a la forma extrínseca de accesarla, o desarrollarse y existir por sí misma.

La esperanza como un músculo se refiere a que al igual que un músculo, podemos ir fortaleciendo nuestra esperanza a partir de nosotros mismos; a través de acciones precisas y concretas que nosotros nos proponemos. No es algo que depositamos afuera de nosotros, sino que parte de nosotros mismos. Nosotros la iniciamos; podemos decir que nosotros la echamos a andar. El origen está dentro de cada persona; nosotros la controlamos, nosotros podemos decidir fortalecerla.


La esperanza como un músculo se refiere a que al igual que un músculo, podemos ir fortaleciendo nuestra esperanza a partir de nosotros mismos; a través de acciones precisas y concretas que nosotros nos proponemos.

En esta visión, nosotros como seres empoderados podemos decidir encender (el mejor término que se me viene a la mente es uno en inglés: ignite) la flama de la esperanza y cada vez profundizarla más. Podemos ir haciéndonos cada vez más fuertes, más convencidos de lo que podemos lograr. Si además nos informamos acerca de la forma más saludable (tanto mental, como física y emocionalmente) de ir creciendo como personas, pues más fortalecidos estaremos y más fuerte será nuestro músculo de la esperanza. Entiendo que esta es una manera de ver a la esperanza que Pinta fuera de la raya. Funciona. Probemos.

Al fin y al cabo de cuentas desarrollar la esperanza como un músculo es un ejercicio de conciencia; del famoso mindfulness. Al estar conscientes de quiénes somos, adónde estamos, hacia adónde deseamos ir e ir desarrollando las habilidades necesarias para ello (por ejemplo de autoconocimiento y de manejo de emociones) vamos ejercitando ese importante músculo.

Esto es comparable con los dos tipos de empoderamiento que hay: el extrínseco y el intrínseco. En el primero dependemos de que alguien nos solucione un problema, nos regale una despensa, un juguete o dinero, nos autorice hacer algo, nos alabe, nos eche porras. En el empoderamiento intrínseco somos nosotros mismos quienes sentimos que podemos. La fuerza y el poder emanan de nosotros mismos; de saber que podemos iniciar, crear, hacer, buscar, resolver, sentir, gozar, arrancar; de fortalecer nuestros conocimientos, de cambiar creencias equivocadas por correctas, de tomar decisiones activamente, en lugar de esperar que sucedan por si solas, por milagro, por fuerzas externas o porque otros lo hagan por nosotros.

Escribo esto hoy 25 de Marzo de 2020, a 14 días de haber decidido no salir de mi casa más que dos veces al supermercado y varias veces a caminar al parque. Al estar tan encerrada, he tenido la oportunidad de atender literalmente cientos de llamadas y Whataspps de personas con altos grados de duda, ansiedad y atosigamiento por leer tanta información, mucha de ella inútil y otra contradictoria.

A partir de ayer siento que empezamos a voltear mucho más hacia adentro. Se han reducido sustancialmente las llamadas; las que recibo tienen un tono mucho más introspectivo. Los Whatapps también son mucho más de auto reflexión y búsqueda interna.

Sigamos en ese proceso de introspección, de crecimiento, de fortalecer el importante músculo de nuestra esperanza a partir de fortalecer nuestro cuerpo con ejercicio, nuestra mente creando y nuestras emociones meditando.



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