• Susan Pick

La incomodidad, una historia de amor y cómo pintar fuera de la raya


La incomodidad, una historia de amor y cómo pintar fuera de la raya


No nos gusta sentirnos incómodos. Cuando lo estamos, nuestro cuerpo y nuestra mente se rebelan para que regresemos al lugar seguro. Pero en la incomodidad puede ayudarnos a PINTAR FUERA DE LA RAYA para encontrar paz y crecimiento.


Ayer tuve una clase de yoga cuyo objetivo era facilitar que nos sintiéramos cómodos sintiéndonos incómodos… ¿qué raro, no? Nos pidieron ponernos de rodillas, echar la cabeza hacia atrás y estirar lo más posible todo el cuerpo hacia atrás, incluyendo los brazos con las palmas hacia arriba. Estar en esa posición durante seis minutos es incómodo. Tu mente y tu cuerpo empiezan a rebelarse… “ya quiero salir de aquí, no me está gustando nada”.  Poco a poco en respuesta a la voz de la maestra que te explica los beneficios de aprender a sentirse cómodo cuando estás incómodo, vas cediendo… tu cuerpo va aflojando, tu mente deja de estar enfocada en la incomodidad y empieza a estar cada vez más en paz.


Me hizo recordar varias cosas.


Les cuento: la primera de ellas fue la historia de amor de mis papás que se conocieron en un partido de soccer en la Alemania Nazi en 1938. Los padres de mi mamá no querían que se vieran, no les latía “ese muchacho”, así que estuvieron juntos en contra de la voluntad de mis abuelos durante algunos meses hasta que mi madre y sus padres emigraron a México.  Mi papá por su parte, acabó primero en Checoslovaquia, luego en España, más tarde en la armada americana y por último en el servicio de inteligencia norteamericano.  Larga historia que ya les contaré algún día. El caso es que fue una serie de situaciones muy incómodas (por no decir sumamente difíciles y dolorosas). Durante siete años mis padres se escribieron cartas… nunca hablaron y nunca se vieron… hasta 1946 que mi papá se fue manejando desde Nueva York a México, empezaron un negocio juntos y en 1947 se casaron.


¡Duraron felizmente casados más de 60 años! ¡Qué maravillosa manera de adaptarse una y otra vez! !Qué genial forma de encontrar lo cómodo (y lo lindo) en lo incómodo!

La hipótesis es que quiénes son capaces de tolerar la frustración o la incomodidad de posponer la gratificación de recibir el dulce, podrán adaptarse más fácilmente a situaciones incómodas ó difíciles más adelante en sus vidas.

La segunda historia que me recordó la clase de yoga fue el conocido experimento de psicología de darle a elegir a un grupo de niños un malvavisco ahorita o tres dentro de cuatro horas. La hipótesis es que quiénes son capaces de tolerar la frustración o la incomodidad de posponer la gratificación de recibir el dulce, podrán adaptarse más fácilmente a situaciones incómodas ó difíciles más adelante en sus vidas.


La pandemia es una excelente oportunidad de aprender a adaptarnos, a aceptar lo incómodo y a reaprender para encontrar la paz dentro de nosotros mismos. También es una magnífica oportunidad de no ceder ante cualquier pedido, berrinche, deseo ó capricho ya sea de amigos, familiares y en especial de nuestros hijos. Es un momento importante para dejar que los niños aprendan a posponer recibir ese malvavisco, de aprender a no vivir en la sobreprotección, a aceptar “no” en vez de solo acostumbrarse al “si” o al “lo que quieras mi vida”.


Los invito a pintar fuera de la raya atreviéndose a encontrar lo cómodo en lo incómodo y de esa manera crecer como personas, como parejas y como padres y madres de familia


(Mi libro Pinta fuera de la raya: la importancia de saber desobedecer lo encuentras aquí).


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