• Susan Pick

La insoportable presión de la perfección


La presión de la perfección

El mundo espera que seas perfecto. Que no falles, ni dudes, ni sientas temor: una máquina hecha para ejecutar tareas con infalible precisión. Un robot. Pero eso es imposible. Eres humano y te equivocarás. El arte está en PINTAR FUERA DE LA RAYA y aceptarte como eres. Ah, y también en aceptar a los demás.


“Lo perfecto es enemigo de lo bueno”, escribió el abogado y filósofo francés Voltaire en el siglo XVIII.


A muchos de nosotros nos enseñan que hay que tratar de ser perfectos… que ni de casualidad debemos salirnos de la raya al pintar, equivocarnos al sumar o restar, siempre doblar perfectamente bien los suéteres y jamás salir de casa sin tener la cama perfectamente tendida.

Pues resulta que somos humanos y por lo tanto no somos perfectos. Es de lo más normal cometer errores (y sabio entender que de estos se aprende), de lo más normal también tener diversos intereses y prioridades y, por lo tanto, darle diferentes grados de importancia a diferentes actividades (para unos lo más importante es ayudar en un orfanatorio o unirse a una causa ecológica aunque implique errores o no siempre poder apoyar a todos mientras que para otros sería imposible salir de casa sin antes asegurar que guardó su pulsera en su cajita original o se altera si no tiene siempre el lápiz con punta).

La presión para lograr la perfección lleva a situaciones en las que ni nosotros ni los demás están a gusto, lleva a mucha incomodidad.

La rigidez y la falta de tolerancia que trae consigo la presión hacia la perfección…. Y qué decir de la arrogancia que conlleva… van de la mano con una enorme presión a uno mismo, a los demás y a las relaciones con otros.


La presión para lograr la perfección lleva a situaciones en las que ni nosotros ni los demás están a gusto, lleva a mucha incomodidad. A veces estar esperando perfección ya sea de nosotros mismos o de otros lleva a tanta tensión que uno comete más errores de los que haría bajo una situación de respeto y tolerancia; bajo circunstancias de no juzgar y de no tener expectativas.

No quiere decir que con la excusa de “nadie es perfecto” se valga de todo. A lo que me refiero es a ser razonable en lo que se pide y respetuoso de los diferentes estilos, personalidades, valores, motivaciones y necesidades. Procurar la excelencia es encomiable, pero no sucede bajo juicios de valor, chequeos absurdos, pesimismos, comparaciones y competencias estúpidas, ni por envidias o celos inmaduros.


Tener límites razonables, tratar de hacer tu mejor esfuerzo, motivar a otros a hacerlo, y aceptar que los errores y las diferencias son una expresión del hecho que cada ser humano es único e irrepetible, es mucho más sano para ti como persona, para quienes te rodean y para tus relaciones con los demás. Te invito a PINTAR FUERA DE LA RAYA queriéndote y queriendo a los demás como son y aceptando que somos humanos, no perfectos robots.



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