• Susan Pick

Pinta fuera de la raya... ¡y apágale a la TV!



La televisión se ha vuelto una parte central de nuestras vidas… la ponemos para divertirnos, para informarnos, para reírnos, como ruido de fondo, para sentirnos acompañados, para entretener a los niños mientras hacemos nuestras cosas… ¡es tan parte central de nuestras vidas que ya hasta en muchos coches instalan una televisión! ¡Ouch!


Así como muchos no nos hemos dado cuenta del daño que la comida chatarra y el azúcar le hacen a nuestro cuerpo, no hemos registrado (o nos hacemos pato aunque sí lo sepamos) que la TV es chatarra para nuestro cerebro. Me sorprende seguir oyendo comentarios tipo “solo la pongo a la hora del desayuno y unas horas en la noche”. El “solo” parecería indicar que la persona se está disculpando o excusando porque sabe el daño que hace.


Seguramente muchos lectores solo hasta aquí llegarán en su lectura de este articulo… está cañón atreverse a pintar fuera de la raya para cambiar un hábito tan cómodo y tan arraigado. Mucho más cómodo seguir por el camino de ¡Viva la TV! Usar argumentos como: “Le encanta a mi hijo” o “Me acompaña” o “Nomás la veo para que me arrulle antes de dormir” o “Yo crecí viendo mucha TV y no me pasó nada” son estupendas excusas para no seguir leyendo este escrito.


Así como muchos no nos hemos dado cuenta del daño que la comida chatarra y el azúcar le hacen a nuestro cuerpo, no hemos registrado (o nos hacemos pato aunque sí lo sepamos) que la TV es chatarra para nuestro cerebro.

Para quienes se hayan animado a seguir aquí, ahí les voy con datos científicos basados en la

reconocida publicación inglesa Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine: los primeros años son cruciales para el desarrollo del lenguaje, el juego creativo, solución de problemas y el razonamiento. En menores de 18 meses se ha comprobado que ver o inclusive solo escuchar la televisión, retrasa la edad a la que empiezan a hablar los niños, causa problemas en su sueño, en su capacidad de poner atención y en la frecuencia y calidad de su comunicación con otras personas y limita su capacidad de identificación y expresión de emociones.


En niños entre 2 y 10 años se ha visto un menor rendimiento escolar, peor alimentación, menor

pensamiento crítico, influencia en conductas agresivas aprendidas en programas de TV, mayor

consumo de comida chatarra, menor calidad en el uso del lenguaje tanto verbal como no verbal,

menor participación en el salón de clases, peores calificaciones en matemáticas, mayor consumo de refrescos, menos tiempo utilizado en hacer ejercicio, y eventualmente, un mayor índice de masa corporal.


A lo largo de toda la vida tiene un impacto negativo usar nuestro tiempo en ver la televisión al

aumentar los periodos que usamos para escuchar noticias (muchas veces negativas), por inculcar un ideal de persona que no es real, al crear interés en aspectos insignificantes (para mayor manipulación), limitar la creatividad, al ver agresión en películas, por reducir la calidad y

frecuencia de la comunicación, de hacer ejercicio, aumentar el consumismo e incitar al crédito

fácil.


Ideas de actividades que sustituyen ver la televisión: leer, platicar, hacer deporte, armar rompecabezas, jugar juegos de mesa, pintar, resolver crucigramas, escribir tus memorias, aprender un nuevo idioma, ponerte al día en historia mundial, hacer magia, aprender a hacer

malabarismos, escribir poesía, organizar una obra de teatro en familia, hacer experimentos, hacer origami, construir un mini volcán, comprender cómo se desarrolla la autoestima, hacer esculturas con cojines, cajas, botes o libros, ir a caminar, andar en bici, meditar, dormir… la lista es interminable…


¿Te animas a pintar fuera de la raya, apagando la TV y prendiendo tu cuerpo, tus emociones y tu mente de una nueva manera?


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