• Susan Pick

Pintar fuera de la raya... para ayudar a morir



Tradicionalmente cuando un ser querido está muy grave y cerca de morir, lo que sus familiares y amigos cercanos hacemos es rogarle a la persona y/o a Dios (o a alguna fuerza exterior) que no muera. Incluso llegamos a tomar de la mano al ser querido para pedirle que no se vaya, para explicarle que lo necesitamos, que sin él o ella la vida no tendrá sentido para quien se queda.


Es muy entendible que hagamos esto.


Después de todo, queremos mucho a la persona y no nos cabe ni en la cabeza ni en el corazón, cómo vamos a seguir adelante sin ella o sin él. Tal vez es nuestra pareja, un hijo, nuestro padre o nuestra madre o un amigo o pariente muy cercano. No es fácil. De hecho, una de las cosas más más difíciles que afrontamos en la vida es despedirnos de un ser querido.


No es fácil. De hecho, una de las cosas más más difíciles que afrontamos en la vida es despedirnos de un ser querido.

Por otro lado, si logramos entender que la persona ya acabó el ciclo de su vida, que tal vez está sufriendo, inclusive que no está entendiendo tus súplicas, que está listo o lista para descansar y que lo mejor que le puede suceder en ese momento es precisamente que lo dejes ir, que lo dejes descansar, podremos entender la importancia de ya no rogarle que no se vaya, de ya no suplicarle que se quede unos días o semanas más.


Esa estancia adicional puede ser muy difícil para la persona que está al borde de la muerte.


Inclusive muchas veces mantenemos viva a una persona de manera artificial durante largos períodos de tiempo por nuestra propia incapacidad de dejarlo ir. En ocasiones, son los médicos quienes nos dicen que ya no hay nada que hacer, pero nosotros nos aferramos a su vida, y al hacerlo lo estamos conduciendo a que ella o él se aferren a su vida.


Una alternativa más saludable para todos es aceptar que llega el momento en el que tenemos que soltar, que despedirnos. Una manera de hacerlo es primeramente meditando, estando con nosotros mismos reflexionando o rezando para buscar la paz interior. Una vez que estamos más en paz, podemos ayudar a nuestro ser querido a soltar diciéndole frases como: “Mi amor, suelta, nosotros estamos bien”, “te quiero, siempre estaré contigo, vete en paz”, “no te preocupes por mí, yo estoy bien, yo sé que llego tu momento, descansa, descansa en paz”.


Palabras de aliento de este tipo te ayudan a soltar a ti y le ayudan a soltar a ella o él. No es fácil, pero si más sano para todos.


Sé que no es fácil leer estas palabras, sé que implican pintar fuera de la raya a un nivel muy, muy profundo. Sé también que lograrlo es un alivio para todos. Tal vez no de inmediato para quienes se quedan, pero sí a la larga. Un abrazo lleno de amor.





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