• Susan Pick

Unas preguntitas para mamá y papá...


Deja que los niños decidan

Los niños no tienen la experiencia ni la madurez necesarias para tomar sus propias decisiones. Necesitan la orientación de los adultos que los rodean… ¡pero no se aloquen papás! A muchos niños y niñas les encantaría desayunar, comer y cenar dulces, helado y pizza, por lo que es muy afortunado que los padres los limiten. Los niños no solo requieren de mucho amor incondicional; requieren asimismo de una sólida estructura para sentirse seguros y cuidados.

Paradójicamente, para que nuestros hijos lleguen a ser adultos libres, creativos, innovadores, responsables y autónomos (¿y qué no todos queremos eso?.. ya sé que los "controlitos" y los mega egos no… ya platicaremos de eso en otra entrega Pinta fuera de la raya), antes que nada tienen que entender y respetar las reglas.

Enseñar a nuestros hijos solo a obedecer, tarde o temprano llevará a problemas (ej. de abuso sexual, de inseguridad, de no saber actuar sin instrucciones), ya que al hacer eso no les estamos dando las herramientas necesarias para valerse por sí mismos (¡no queremos a Juanito viviendo con nosotros de mantenido a los 30 años!). En su lugar podemos enseñarles a pensar, analizar y decidir; así serán adolescentes y adultos responsables y con capacidad de decidir y responder por sus acciones.

Una idea para enseñar a nuestros hijos a decidir es jugar a la balanza. Usemos el ejemplo de tener que decidir si ir o no a una fiesta de un amigo justo el día antes de tener que entregar un proyecto en la escuela. Para realizar este juego, le pedimos que escriba o dibuje las ventajas de no ir a la fiesta (por ejemplo: tener más tiempo para hacer el proyecto, conseguir todo lo que falta para hacerlo bien) y las desventajas (por ejemplo: no pegarle a la piñata, no ver a la amiga de la fiesta). Podrá analizar los pros y contras y después decidir qué hacer. Es importante respetar su decisión… solo así aprenderá a responsabilizarse por las consecuencias tanto positivas como negativas. Se va a equivocar más de una vez… déjalo… así aprenderá.

Por otro lado es importante no promover el culto a la perfección. La perfección y las buenas calificaciones no necesariamente son indicadores de éxito y mucho menos de inteligencia emocional. La perfección y las calificaciones no tienen relación con el desempeño ni como personas ni en lo laboral. Es mucho más relevante para la vida tener una educación en cooperación y flexibilidad que en competencia y perfección. Una vida balanceada entre lo intelectual, el ejercicio físico y la salud mental lleva a mucha más tranquilidad y mejores resultados que la que se vierte solo a un lado. Algo así pasa con las obsesiones por la limpieza perfecta, por el orden al mil… no es posible, tampoco realista… mejor encontrar el balance.


La perfección y las buenas calificaciones no necesariamente son indicadores de éxito y mucho menos de inteligencia emocional.

Muy de cerca a los dos puntos anteriores está enseñarles a nuestros hijos que todos podemos aprender de los errores. El mensaje es que se vale equivocarse ya que de los errores se aprende. No los castiguemos ni regañemos por equivocarse, mejor enseñemos el camino para aprender de ello. Así por ejemplo, si nuestra hija entra a casa con lodo en los zapatos, en vez de gritarle y regañarla, funcionaría mejor (¡aunque a los más neuróticos nos cueste más trabajo!) pedirle que tome una jerga, limpie el piso y en una cubeta enjuague la jerga. Ella habrá aprendido a no entrar con lodo, a limpiar un piso y a usar una jerga. Nosotros habremos aprendido a contar hasta 10 antes de enloquecer por un poco de lodo en el piso.


Todos salimos ganando (menos la pobre neurosis que pierde… ¡yeahhhh!).




883 views0 comments

Recent Posts

See All